La decisión de Estados Unidos de mantener libre de aranceles la importación de chatarra de aluminio procedente de Europa está generando un fuerte impacto negativo en el mercado internacional, especialmente en países como España y Alemania. Esta medida contrasta con los elevados aranceles que Washington aplica al aluminio primario y otros productos derivados, lo que ha provocado un desvío masivo de chatarra hacia el mercado norteamericano. El resultado: una alarmante escasez de materia prima en Europa y una escalada de precios sin precedentes.
En el caso español, las consecuencias ya se dejan sentir de forma directa. Las existencias se han reducido considerablemente, amenazando la estabilidad y viabilidad del sector industrial. Actualmente, el precio medio de la chatarra de aluminio en España ronda los 1.770 euros por tonelada métrica, uno de los niveles más altos de los últimos años. Esta subida responde, no solo a la demanda creciente de Estados Unidos, sino también al interés de países asiáticos como China, India, Vietnam, Malasia o Tailandia.
Curiosamente, aunque muchos de estos países cuentan con aranceles y restricciones a la exportación de chatarra para proteger sus industrias locales, no aplican ningún tipo de barrera a la importación, lo que refuerza su competitividad en el mercado global.
El aluminio secundario, producido mediante reciclaje, se ha consolidado como una alternativa ecológica y eficiente al aluminio primario, ya que su fabricación requiere apenas un 5% de la energía utilizada en el proceso convencional. En 2020, España produjo unas 264.000 toneladas métricas de este material, situándose como el décimo productor mundial. Las previsiones apuntan a un crecimiento sostenido del mercado global de aluminio reciclado, que podría pasar de 5.600 millones de dólares en 2021 a más de 25.000 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual del 8,16%.
Sin embargo, esta tendencia positiva está amenazada por la falta de regulación en la exportación de chatarra. Desde el World Economic Forum advierten que, aunque el reciclaje es más económico que otras estrategias para reducir emisiones o desarrollar nuevas tecnologías, su viabilidad depende de una disponibilidad estable de materiales reciclables, algo que hoy está en entredicho por la intensa competencia internacional.
En este escenario, S&P Global Commodity Insights destaca la necesidad de una mayor transparencia en los mercados estadounidenses, como vía para reducir la incertidumbre geopolítica y comercial. Por su parte, las industrias de España y Alemania urgen a la Unión Europea a tomar medidas inmediatas, entre ellas la imposición de aranceles a las exportaciones de chatarra hacia Estados Unidos, con el objetivo de proteger la economía circular, asegurar la sostenibilidad del sector y preservar su competitividad global.
La industria española del aluminio, con casi un siglo de historia desde la apertura de la primera planta en Sabiñánigo en 1927, atraviesa un momento crítico. Con hitos como la expansión a Valladolid (1949), Avilés (1950), La Coruña (finales de los años 50) y San Ciprián (1977), el sector se consolidó como uno de los pilares de la economía nacional. En 1998, la compra de Inespal por parte de la estadounidense Alcoa reforzó aún más su capacidad industrial, combinando producción de aluminio primario (a partir de bauxita) y secundario (reciclado).
No obstante, la producción de aluminio primario ha caído en picado. De una capacidad de 500.000 toneladas anuales, se ha pasado prácticamente a cero debido al parón casi total de la planta de San Ciprián. En consecuencia, todo el aluminio primario utilizado actualmente es de importación.
Ante este panorama preocupante, Bruselas se plantea establecer mecanismos de reciprocidad en el comercio de chatarra. El sector ya ha trasladado su preocupación a la comisaria Teresa Ribera, aunque las posibles acciones podrían llegar demasiado tarde para muchas empresas españolas, que ya han tenido que frenar su producción por la falta de materia prima.
Las exportaciones de chatarra de aluminio desde la UE alcanzaron en 2023 un récord histórico de 1,27 millones de toneladas. Esta pérdida de recursos estratégicos beneficia principalmente a países con entornos regulatorios y comerciales más favorables, dejando a la industria europea en una posición de creciente vulnerabilidad



